Pánico en el metro

Con este relato participo en el concurso de Terror. Espero que lo disfruteis. Se me ha ocurrido hoy en el metro, cuando volvia de donar sangre con mi novia. Un saludo ^^

Estoy sentada en uno de los asientos del metro. Como es habitual están algo sucios, pero eso me da igual. Estoy tan cansada que necesitaba sentarme. En el vagón viajamos un señor vestido con un traje negro muy elegante que está justo enfrente de mí, y yo.
Miro el reloj. Son las 8:15. Voy bien de tiempo. Me gusta llegar con antelación a casa para pagar a la niñera y prepararle yo misma la cena a los niños.
¿Qué ha sido eso? Algo húmedo me ha caído en el hombro. ¿Habrá sido el hombre de delante? ¿Me habrá estornudado el muy cerdo? Qué asco…
Miro algo aterrada a mi hombro… hay una mancha roja que veo algo borrosa. Intento tirar de mi camisa para alejarla un poco y así poder enfocar mejor la vista. ¿Es sangre? ¿Ésta mancha que me ha salpicado es de sangre?
Miro un poco mosqueada y perpleja al hombre de enfrente. Está mirando el techo de forma muy calmada, mientras mueve su boca. Rápidamente me quito con una mano los cascos de mis orejas para escucharle.
– Perdone, ¿qué ha dicho?
– Le decía –repite mirándome a los ojos– que el techo del tren está sangrando y le está salpicando en la ropa.
­                – ¿Que el techo está qué?
Incrédula levanto la cabeza y miro al techo. Justo en ese momento un goterón de sangre me salpica en la frente. Involuntariamente levanto un brazo a toda prisa y me limpio la cara con la manga de la camisa. Efectivamente. Del techo del vagón sale sangre.
– ¿Cómo… pero… pero cómo…? –Balbuceo. No puedo hablar… ¡Está saliendo sangre del techo de un tren!
El hombre de delante se mira las uñas con total despreocupación. Transcurren unos segundos y recupero el habla.
– ¿Pero cómo es posible que un tren sangre? ¿No habrá alguien muerto arriba? Quizás al pasar por un túnel se ha… –trago saliva– se ha descuartizado y entra la sangre por el techo… –me estremezco sólo de pensarlo.
– Nop –dice el hombre mientras se muerde una uña y tira con los dientes para arrancarsela– La sangre sale del tren. Fíjese bien.
El hombre escupe el trozo de uña al suelo, con cuidado para no darme. Alzo la mirada otra vez. Tiene razón, la sangre sale del tren, de una fisura… o de una herida… ¡como si fuera un ser vivo!
Me levanto y me subo encima de los asientos para examinar mejor el techo. Varios goterones de sangre me salpican en la ropa pero no me importa.
Con un dedo toco la fisura con total cautela. ¡Está blando! Aprieto con el dedo y la carne cede un poco ante mí. Le clavo un poco la uña y lo que hay debajo se estremece un poco… ¡Está vivo! ¡El vagón está vivo!
Esto tiene que ser una broma… ¡Si, esto tiene que ser una cámara oculta! Lanzo una sonrisa de complicidad al hombre de delante mientras suelto una carcajada.
– Señora –dice el hombre mientras escupe otro trozo de uña– No sé que le hace tanta gracia. Sólo es un tren sangrando.
Otro goterón me cae en el pelo de la cabeza. Instintivamente me rasco la cabeza. Me miro la mano. Tengo el índice lleno de sangre… no. Es tomate. Tiene que ser tomate… o sirope de fresa. Si. Es eso.
Me llevo el dedo a la boca… y relamo el tomate… no es… no … ¡es sangre!
De un salto bajo del asiento y corro hacia el freno de emergencia. ¡Cielos! No hay ningún botón para hablar con el conductor. Sólo está el freno de emergencia. Si acciono el freno me quedaré atrapada a varios metros bajo tierra dentro de un vagón que sangra, junto con un hombre siniestro vestido de negro.
El señor escupe otra uña y se lleva otro dedo a la boca. Acciono la palanca del frenado de emergencia. Estoy acojonada.
¡Cielo santo! ¡Hay más heridas! ¡Han salido nuevas heridas por todo el techo! ¿Y chorrean mucha sangre!
– ¡Nos vamos a ahogar! –le grito al hombre, por si no es consciente de la situación.
– Cálmese señora, sólo es sangre.
El señor se levanta y se dirige hacia mí mientras mete una mano en el bolsillo para buscar algo. ¿Intentará matarme? Desesperada busco cómo abrir las puertas. Las empujo y se acciona el mecanismo de apertura de emergencia. Salto a las oscuras vías y corro hacia la oscuridad para esconderme.
– ¡Señora! ¡La va a atropellar un tren como siga por ahí!
El señor sigue gritando, pero cada vez me alejo más hasta dejar de oírle. Pasan varios minutos. No encuentro ninguna salida ni ninguna luz. Tengo mucho miedo…
¡Chaf!
He pisado algo mojado… no… ¿no será sangre? No. No. No. No es sangre. No puede ser sangre…
Un gemido de pavor sale de mi garganta. Desesperada corro por la oscuridad, con una mano tocando la pared para no chocarme.
Pasan varios minutos más. Estoy perdida y muerta de miedo…
¡Pum!
Noto un fuerte impacto en la espalda y me desvanezco. Mis niños… su cena…

_____

Despierto en una cama. Estoy atada a ella. Me duele la cabeza y la espalda, donde recibí el fuerte golpe, me arde.
– Ya ha despertado señorita Soto –una voz que identifico, pero no sé de qué, me habla– ¿Por qué corría usted por las vías del metro mientras gritaba «sangre, sangre por todas partes»?
– ¿Dónde estoy?
– Está usted en el centro de Salud Mental de Santa Engracia –la voz procede de una mujer joven con una bata blanca.
– ¡Suélteme! ¡Tengo que alimentar a mis hijos!
– Señorita Soto, usted no tiene hijos…
– ¡Sáqueme de aquí! ¡Devuélvame a mis hijos!
La mujer con la bata blanca escribe algo en una hoja. La deja sobre la mesita y se va. Levanto todo lo que puedo el cuello e intento leer lo que pone.
«La paciente sufre de fuertes paranoias. No volver a dar un día libre sin supervisión».
Me recuesto y me pongo a pensar…
¿Quién demonios era el hombre del traje negro?

Autor: Germán Pérez Campo, 9 de Noviembre de 2010.

Pequadt
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11 Comentarios

  1. Lascivo dice:

    Vaya, vaya… Germán de vuelta… ¡Ya hacía falta! Je, je.
    Me ha gustado el relato. Como siempre, me gusta mucho tu forma de narrar, la veo muy, muy correcta.
    Peeero, pese a que el argumento es una gran idea, el final no me ha llegado a agradar. Creo que es el recurso fácil típico: todo se explica con la locura. Otras veces es un sueño (rollo Antonio Resines en Los Serrano). Es un tópicazo de los finales cutres de series de TV tan enrevesadas que no saben cómo terminarlas.
    El relato es bueno, pero el final no me dice mucho. Quizás soy más duro en la crítica porque eres tú, y te tengo en el Olimpo de los escritores.
    ¡Un saludo, Pequadt!

    1. Pequadt dice:

      Es un final «abierto», y aunque la mujer tenga algunos sintomas de locura (tan solo el de preguntar por sus hijos) y la mujer de la bata blanca escriba algo en una hoja, igual esta tambien metida en el ajo junto con el señor de negro… o igual el señor de negro es producto de su imaginacion. O igual el metro estaba abarrotado de gente y si estaba loca, o igual todo ha sido un sueño, como el de los Serrano xD

      Simplemente es un final abierto, pero con guiños a que esta loca, que es lo que a la sociedad le gusta pensar cada vez que se habla de un loco (mejor que esten encerrados!).

      Y la realidad es que el relato ocupa 998 palabras, junto con la frase inicial y mi firma, llega a las 1.037 palabras. He tenido que quitar varias frases intermedias y acortar el final ya que no queria incumplir la regla de las 1.000 palabras xD

  2. Lascivo dice:

    Por cierto, +10 puntos en lo de donar sangre, eres una very good person.

    1. Pequadt dice:

      Os insto a que lo hagais! Aunque hay un grupo que este mes no puede (si mal no recuerdo era el B positivo, que tienen overbuking de sangre.

      1. Lascivo dice:

        ya doné hace una semana, jeje. Se pasaron por mi facultad

  3. astharea dice:

    Está chulo, me ha gustado ^^
    Aunque me ha hecho recordar, en ciertos aspectos, a Shutter Island, no sé si la habéis visto o leído ><

    Esta parte es la que más me ha gustado de todas, jeje:

    "– ¡Nos vamos a ahogar! –le grito al hombre, por si no es consciente de la situación.
    – Cálmese señora, sólo es sangre."

  4. Pequadt dice:

    Curiosa relacion ^^

    Cuando se me ocurrio el relato, en teoria iba a tratar de un hombre y una mujer que viajan en el metro tranquilamente, hasta que a la mujer le gotea sangre del techo. Tras una breve discusion, el hombre le convence a la mujer, y esta pasa a creeer que el hecho de que el metro sangre es algo normal… pero claro, la idea se me enreveso y termino siendo todo una conspiracion, o una mala locura xD

    La peli de Shutter Island me gusto, y el libro tambien (aunque la peli es una clonacion del libro. No cambia nada, excepto el final, que aun siendo clonicos, en el libro no sabes si al final es un loco, o si se hace el loco).

  5. Bertcarfer dice:

    Guaauuuu! ¡Me ha gustado¡ El relato tiene un ritmazo que me ha mantenido «activísima» hasta el último momento y con el pellizquillo en el estómago ¿qué será? ¿qué será? El final también me ha decepcionado un poquitín, creo que me hubiera gustado más si terminara en «mis niños… mi cena», entonces sí que quedaría abierto… Pero es una humilde opinión, lo cierto es que ¡me ha encantado!

    1. Pequadt dice:

      La verdad es que el final no ha gustado a mucha gente. La idea original de este relato iba a ser otra (como comenté en otro comentario, valga la redundancia xD), pero por lo que sea lo cambié a última hora… pero bueno, no siempre se puede escribir algo que termine gustando del todo, o no siempre se encuentran las descripciones o palabras adecuadas.

      Gracias por comentar, intentaré en futuros relatos mejorar la redacción e ideas del final jiji.

  6. Logan dice:

    Hola, Pequadt:
    Interesante y divertido relato. Te atrapa desde el primer momento y no te suelta hasta el final, en especial, gracias a los diálogos.
    Y en lo que respecta al final, lo considero bastante apropiado.
    En definitiva, ¡cinco estrellas al canto!
    Saludos.

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