Kilómetro 666.0 2 de 3

Primera parte

-Joder, esto es surrealista. –Pone su dedo derecho en el botón y baja la ventanilla del copiloto.

-¡Hola! Perdona que te moleste. –Dice la señora en tono de disculpa. Tiene el pelo grasiento y recogido en una coleta, y no hay maquillaje que oculte sus ojeras y su mirada cansada. – ¿Se ha roto el coche? –Le cuelga un hilillo de baba de la comisura derecha.

-Sí, me ha dejado tirada. –Sonríe con amabilidad.

-¡Ah! Vaya noche, ¿eh? –Se queda pensando. – ¿Tienes un cigarro? Puedo comprártelo. –Su mirada tiene algo ausente, como si por dentro estuviera pensando en otra cosa. Por fuera, la mujer parece frágil y cansada, como una vagabunda. La bata está gastada y llena de churretes de varios colores indescriptibles.

-Nooo, se me ha gastado el paquete. –Para confirmarlo coge el paquete espachurrado y se lo enseña a la señora. –Bueno, ya vienen a por mí. Estoy bien. –La chica sonríe con todos sus dientes pero sin ganas.

-¡Ah! Eso está bien. Bueno, ¿perdona eh? –La señora se aleja de la ventanilla, aparentemente algo decepcionada. –Si quieres algo estoy ahí enfrente. Siempre duermo con un ojo abierto.

La chica sigue los pasos de la señora hasta que entra en su casa. –Joder qué tía rara…

Se acurruca en el asiento del conductor, mientras mira de reojo la casa. -¿Y ahora qué cojones hago? –La señora entra en casa con un portazo. A la chica le da un escalofrío.- ¿Y a esta qué le pasa?

Pasan varios minutos. El móvil no tiene cobertura, el motor no arranca. Decide apagar las luces del coche para no gastar la batería. Quizás la mejor opción sea dormir en el coche, no piensa ir a la casa de esa mujer, es lo típico que haría la rubia de la película de miedo, y encima hace rato que la mujer ha apagado las luces. La casa está totalmente a oscuras, iluminada por fuera por la luz de la luna que se cuela entre las nubes.

¿Será verdad que duerme con un ojo abierto?

Un momento, parece que las cortinas de la ventana de arriba se movían. O eso ha parecido, la luz de la luna no da para mucho.

Por si acaso, la chica decide abrir las puertas del coche y salir a por alguna herramienta.

Fuera, hace frío de veras, y hay tanta humedad que casi se puede beber a bocados. Al salir se da cuenta de que la niebla ahora es más alta que antes.

Corre hacia el maletero, saca el gato y una llave inglesa. Se encierra dentro de nuevo y espera, algo más segura al sentir el contacto frío y duro de las herramientas encima de sus piernas.

Pasa el tiempo, y todo parece tranquilo. Las cortinas no se han movido, aunque ahora ni siquiera puede verlas porque la niebla ya cubre las ventanillas.

Empieza a amodorrarse, pero se despierta con las voces de fuera.

-¡Vienen a por mí! ¡Vienen a por mí! –Se oye el golpetazo de la puerta de la casa chocando contra la pared. -¡Mentirosaaaaaaa! ¡Desagradecida, eso es lo que es! –Son gritos histéricos que se acercan entre la niebla. – ¡Por Dioooooooos! –Este último suena desgarrado por el dolor o la locura.

Los brazos y las piernas de la chica salen rebotados hacia el techo y su corazón comienza a latir en las sienes tan rápido como puede. Abre la boca y levanta la llave inglesa contra el parabrisas para defenderse. ¡Ni siquiera puede gritar! ¿Pero qué le pasa a esa mujer? ¡Está fuera de sí!

Suena un aullido más cercano, unos pocos metros delante del coche. Pero finaliza bruscamente ahí, entre la niebla, como si la mujer se hubiera callado de repente.

Se queda quieta y contiene la respiración, con la vista fija en el parabrisas.

Todo está en silencio.

Última parte

Gonzalo López Sánchez

Gonzalo López Sánchez, nacido en Barcelona en 1987, aunque posteriormente reside en Madrid, Guadalajara y Málaga. Licenciado en Biología en la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Microbiología en la misma universidad. Aficionado a la historia, los juegos de rol y la escritura de relatos breves.

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3 Comentarios

  1. por Javier Revolo publicado el 06/01/2011  00:04 Responder

    Has conseguido dejarme en ascuas y con ganas de saber que le pasara a esa chia que, por cierto, describes muy bien, muy nitidamente, tanto sus emociones como las imagenes de sus acciones.
    Me ha gustado
    Un abrazo

  2. por Lascivo publicado el 06/01/2011  20:49 Responder

    Olé, olé, Xplorador. Sólo te pongo una pega: yo hubiera hecho más hincapié en la conversación con la señora, alargándola más. Se me ha hecho un poco raro que no insistiera con lo del tabaco. Vamos, que podría haber sido más terrorífica, o haber puesto más nervioso al lector. Por lo demás, ya sabes mi opinión. En la conclusión te daré una crítica más extensa.

  3. por xplorador publicado el 07/01/2011  00:20 Responder

    ¡Hola Lascivo! Últimamente estoy descubriendo un defecto en mi forma de escribir que está relacionado con lo que me comentas. Tengo ideas en la cabeza y no consigo plasmarlas con la suficiente tranquilidad, así que a veces hago que las cosas se atropellen y no se capte lo que quiero transmitir. Te lo digo porque estoy escribiendo, en teoría, una historia larga, (que mola un pegote jajajaj) y me cuesta mucho seguir un ritmo más cercano al de la novela o relato largo. Tengo que eXplorarlo un poco más...

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