Retrocorpere

 

La madre de los mortales castigada por sus propios hijos

 

La madre que los trajo al mundo

 

La señora que los mantuvo en sus regazos

 

La dueña de la vida y de la sapiencia humana

 


 

Pero todo debía terminar, todo debía llegar a su fin

 

Como lo hacían las estaciones

 

Como los hacían los cuerpos astrales

 

Como lo hacían los mortales

 


 

Cansada de tanta injusticia contra sus propias entrañas y contra sus propios sentimientos ocultos en la oscuridad

 

Se encargaría que sus proles mortales, los señores de la codicia lo paguen por toda la eternidad

 


 

Todos los pueblos, todos los imperios, todas la ciudades, todas la civilizaciones

 

Todos lo pagarían y ninguno a la vez

 

Todo debía ser así

 

Todo estaba escrito en los papiros del universo

 

Todo estaba creado por la mano de los dioses del cosmos

 

Todo vivía, todo moría, todo renacía

 

La señora que dio sus órganos para dar la vida

 

La mujer o la hembra del universo, nadie lo sabía con exactitud

 

La señora que lloró ríos de azufre, se baño en mares de sangre y engendró compuestos de carne y huesos

 


 

Y estos compuestos creados por tal mujer dueña de la belleza infinitesimal

 

La fueron deteriorando poco a poco

 

Punzando cada parte propensa al dolor

 


 

La tierra, el mundo

 

Aún no se comprendía si el planeta era un dios o una diosa

 


 

Lo único que comprendían las proles del planeta más esplendoroso del universo era, que todo estaba por concluir

 


 

Ráfagas de sonidos agónicos transitaban los senderos del mundo

 

Ecos de gritos que eran capases de cuajar hasta al hombre más impertérrito hacían notar su presencia vaporosa

 

Ríos de lamentos provenientes de los miedos más indómitos de la raza cordial

 

Altares descontrolados se postraban en el umbral de la condenación

 

Centellas vivas encargadas de calmar el alma de cualquier mortal, recorrían la carretera de la peste y transitaban las riveras de la creación corrompida por la causa más bizarra de los seres más despreciables.

 


 

Pronto todo terminaría

 

Pronto todo se detendría

 

Pronto todo aliviaría el alma de muchos y corrompería el sentir de tantos

 


 

Ya no existían las ciudades

 

Ya no existían los imperios

 

Ya no existían las civilizaciones

 

Ya no existían los pueblos

 

Ya no existían mortales para habitar tales lugares creados por las mentes más crecientes y más degradantes para la vida

 


 

Todo volvió a ser como en tiempos olímpicos

 

Todo volvió a ser como debía ser

 


 

La madre de los mortales, el padre de los humanos

 

Nadie lo sabía con exactitud

 

Pero lo que sí era predicho en los imperios del cosmos era, que estos dos, que eran uno a la vez, se habían quedado sin sus hijos

 

Algo que no tenía nombre

 

Pero algo que era necesario para que la vida pudiese volver a los caudales del renacimiento

 


 

Debía ser así, nunca cambiaría

 

Nunca más existirán tales aberraciones para un dios o un planeta encargado de proporcionar esplendor

 


 

El tiempo, ya no avanzaba

 

El espacio, no tenía planes de propiciar nada

 

La materia, ya era cosa de un pasado reciente y ya no era necesaria en el nuevo cuerpo astral

 


 

Pero la madre dadora de la vida no había muerto

 

Ella no, ella no debía morir nunca

 

Sólo se había desasido de una peste que la enfermaba día a día

 


 

La madre o el padre sólo los mortales podían llamarla de tal manera

 

Pero ellos ya no tenían ningún papel en el escenario de la creación

 


 

La perdición no era una opción para la señora de la vida

 

La angustia no era algo propio de ella

 

La soledad no transitaba por su imaginación

 

Lo único que podía amoldar en sus entrañas era la energía

 


 

La energía daba la vida

 

La energía propiciaba a la materia

 


 

Mientras la madre de la creación divina tuviese energía

 

No faltaría nada en sus regazos

 


 

Una raza fue desterrada

 

Una raza sólo será ecos de un pasado remoto y cercano para nuevos dueños de almas cargadas de júbilo

 

Dueños que surgirán desde las entrañas más profundas de los pensamientos más remotos, de una madre que tuvo que sacrificar a tantos para dar vida a  muchos.

 

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-Eso es todo, ahora prosigue con tu vida lector constante-.


Damian Fryderup
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