Baile de máscaras

La vida es un jodido baile de máscaras. Máscaras de carnaval, máscaras funerarias y máscaras de todos los colores y formas. Máscaras exclusivas, y máscaras producidas en serie en uno de esos países asiáticos donde los niños nunca llegan a ser niños.

A veces ni se ven, pero si miras fijamente, podrás intuir las gomas por detrás de las cabezas. Algunas son lo suficientemente gruesas como para apreciarlas desde tu balcón; para otras, en cambio, necesitarías un microscopio de esos que sólo existen en las series de televisión. Pero las veas o no, están ahí.

Cualquier día recibirás una invitación por correo, junto a los recibos de la luz y el agua, y tendrás que decidir si te quedas en casa o sales a bailar. Y aunque no te apetezca una mierda, es viernes y no echan nada por la tele, así que te calzarás tus botas rojas y saldrás a pisar charcos hasta que deje de llover.

La pista de baile es un lugar extraño, pero no te dejes engañar por las apariencias; la realidad siempre es mucho más extraña de lo que aparenta ser. Puedes elegir el asiento de palco, o puedes zambullirte en la pista central. Pero si bajas, procura ser rápido; ni los pasos más ágiles del charlestón pueden hacerte invisible ante todas esas miradas acusadoras. Y si decides quedarte un tiempo, no olvides tu máscara en casa. No es seguro pasear a cara descubierta entre una multitud de encapuchados: alguien podría clavarte un puñal y no tendrías tiempo ni de rezar antes de morir desangrado. Pero sobre todo, ten cuidado con lo que crees ver: Bestia podría llevar una máscara de Bella y Bella una máscara de puta. Y puede que Bestia se crea en realidad una delicada muchacha francesa vestida de azul, o puede que la puta se crea Bella; o quizá no, es difícil de decir.

Lo que está claro es que si preguntas, ninguno te dirá quién es en realidad. Tiene su lógica, nadie se molestaría en llevar todo el día una incómoda máscara para luego revelar de buenas a primeras quién se esconde detrás. Puede que alguno ni siquiera supiera qué responder. Conocí a un tipo que llevaba puesta una careta desde hacía tanto tiempo que se olvidó de que debajo tenía cara.

Así que cuando recibas la próxima invitación, mejor quédate en casa o búscate otro baile. Puede que no te guste tu cara, pero quizá te estés mirando en el espejo equivocado.

 

Winston
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6 Comentarios

  1. Yizeh dice:

    Fantástico, me están gustando mucho los relatos de Winston.
    Éste tiene un punto pesimista, casi derrotado, pero tan sincero que a la vez desgarra. Genial.

  2. Ladydaiquiriblues dice:

    Todo depende del espejo a través del que se mire y de la máscara que se lleve puesta…
    Me uno a las felicitaciones.

  3. Winston dice:

    Gracias a los dos, así da gusto abrir el baúl de los recuerdos para sacar a la luz tantos papeles olvidados 🙂

  4. Pequadt dice:

    Coincido con Yizeh y con Ladydaiquiriblues, escribes muy bien. Se agradece que compartas con nosotros tus relatos ^^

  5. Irene Sanchez dice:

    Increíble texto, muy bueno.

    1. Winston dice:

      Me alegro de que te haya gustado. Gracias! 🙂

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