Juntas para siempre

Era la hora del té, las pastas estaban servidas junto a las dos tazas con sus respectivos platos sobre la mesita pequeña de nogal, la campanita sonaba, la criada mirando para ambos lados de la estancia se preguntaba dónde estaría la señora, el ruidito volvió a repetirse, se acercó al sillón orejero, algo la incitó a que cogiera la última carta de la correspondencia y tras leer su tarjeta se desvaneció, apareciendo junto a la cruel ama que la llamó.

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