Sueños

Aquella sombra astuta emergió en la noche. Trepó la pared del orfanato, colándose por la ventana.

Y entonces la vio. Todo en ella era blanco, excepto los labios, oscurecidos por el frío. Sus largos cabellos, más blancos que la luna, se esparcían sobre las desgastadas sábanas, enmarcando un rostro infantil. Se acercó y puso la mano sobre su frente. Al instante una tenue luz surgió de entre sus dedos.

Ella no volvería a soñar después de aquella noche.

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