Tradición

Una noche, un hombre me pidió trabajo. Era un indígena que se encontraba de paso por la ciudad para hacer algo de dinero.

Lo primero que hice fue darle un incentivo: fuimos a una taberna del pueblo, le hablé del trabajo y del pago. Al terminar la noche y con mucho alcohol en la sangre, nos dirigimos a la construcción en la que yo había estado trabajando los últimos meses.

Allí, en el  último piso, cantando y riendo, se perdió en el oscuro hoyo del ascensor. Sentí crujir sus huesos uno a uno y dije: es cuestión de tradición.

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