El reino de la felicidad

En el Reino de la Felicidad todos eran dichosos. Desde el rey al último de sus vasallos irradiaban alegría y felicidad permanentes; aunque no siempre había sido así. Antes, hacía muchos años atrás, aquel reino era como cualquier otro, existían la alegría pero también la pena, la felicidad y la infelicidad, cada sentimiento positivo tenía su oponente negativo, y fue así hasta que al rey se le ocurrió una idea revolucionaria, única, magnífica. Mandó cerrar las fronteras del reino a cal y canto y no permitió a nadie ni entrar ni salir del mismo. Hecho esto, ordenó reunir en la torre del homenaje de su castillo todo el oro, plata, joyas y piedras preciosas que hubiese en todas y cada una de las casas de sus súbditos, y como no podía ser de otra forma, comenzó por su propio tesoro, hasta la corona añadió a la montaña refulgente que había comenzado a formarse. Los contables del reino después de muchos, muchos días valorando y contando aquel inmenso tesoro, por fin dieron al rey el importe exacto, amigos, la cifra tenía tantos ceros que me siento incapaz de reproducirla. Dividió el rey el monto total entre el número exacto de habitantes del reino y vio que el resultado arrojaba una cifra tan alta que, cada uno de sus vasallos, incluido él mismo, podrían vivir el resto de sus días sin trabajar. Mandó pues el rey construir una fortaleza inexpugnable y trasladó allí todas las riquezas. Sabedores los reinos vecinos de la inmensa fortuna del Reino de la Felicidad, comenzaron a pedir préstamos a su rey, préstamos que garantizaban con sus propias tierras, cosechas y ganado. Conocedores así mismo de la segura fortaleza en la que se encontraba depositado el tesoro, pidieron al rey alquilar pequeños espacios en ella para guardar sus propias riquezas a cambio de un interés. Fue tan bueno y ventajoso el negocio, que el mismo se perpetuó en el tiempo pasando de una generación a otra hasta nuestros días. Actualmente el Reino de la Felicidad sigue existiendo, ha cambiado de nombre, eso si, hoy se le conoce como Confederación Helvética, SUIZA.

Doa

Vigo 29 Septiembre 2004

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