Tres cartas y un anuncio

«Carta del asesino a la víctima»

 

Estimada víctima:

Me complace comunicarle que mañana a esta hora estará usted muerto.

Un servidor entró en su residencia a través de una puerta interior del garaje cuando usted salía.

¡Qué gran salón, qué chimenea!

Con el atizador podré machacarle la cabeza.

Al subir las escaleras observé un yacuzi en su cuarto de baño; una buena forma de morir: mientras usted se relaja podría arrojar al agua el secador del pelo.

La alfombra persa cubre el pasillo con colores variopintos; sería una buena vista antes de tirarlo escaleras abajo. No me limpié los pies al entrar y le dejé una mancha.

Al final está su habitación. En su cama podrían dormir tres matrimonios… Qué pena que usted duerma solo. Pero no se preocupe, cuando duerma en la soledad le ahogaré con la almohada.

Sin ánimo de ofenderle, y agradeciendo su lectura, que pase usted un buen día.

 

«Carta de la víctima al asesino»

 

Estimado asesino: me complace comunicarle que sigo vivo.

Respecto a la chimenea, el atizador sólo es un adorno de carbón adosado a un calentador de gas. Mis negocios no me dan tiempo para alimentar su fuego.

En cuanto al yacuzi, el secador de pelo usa baterías de bajo voltaje.

Y la alfombra persa… estoy de acuerdo con usted en su incalculable valor. No debió fijarse en el charco de aceite que dejé aposta en la entrada del garaje. Precisaba de su huella para el recuerdo, por las molestias causadas.

Al final deduje que lo intentaría en mi habitación. Cuando entró en ella se encontró con una novedad; llevo tres meses saliendo con la teniente de la brigada de homicidios de la comisaría de Boston.

Observé con gran agrado cómo sus ojos se le salieron de las órbitas cuando la teniente, revolver en mano, salió de un habitáculo secreto que usted jamás  encontraría. También me agradó la impotencia en su mirada cuando los grilletes metálicos se cerraron sobre sus muñecas.

Esté donde esté ahora, agradeciendo su lectura, reciba un cordial saludo y que pase un buen día.

 

«Carta de fiscal al asesino»

Estimado asesino, me complace comunicarle la sentencia a muerte en la cámara de gas.

Lo de las huellas en la alfombra, es incomprensible que un profesional con tantos homicidios a bordo tuviese tal despiste. ¡Tantos años esquivando a la policía!, no entiendo cómo pudo acabar de esa forma tan chapucera.

Esté donde esté  ahora, si es que todavía está, y agradeciendo su lectura, reciba un cordial saludo y que pase un buen día.

 

PD: Qué ironía, tengo justo encima de mi escritorio el periódico con el que me puse en contacto con usted.

The Washington Post

Fiscal del estado busca asesino profesional para acabar con la vida de Alfred-popularmente conocido por su imperio inmobiliario- y por la prensa del corazón cuando empezó a salir con mi ex-mujer.

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