Crónicas de un Réquiem Anunciado

Podría regalarte
un cuarto de libra en carne
próxima al corazón
o podría tragarme,
en tercera persona,
tu próxima historia de enlace.

Te ofreció el Karma,
como caudillo de plumas aladas,
tu suerte en tres cajas:
oro, plomo y plata.
Primero escogiste el oro
y te saqué la calavera
antes de que te espantara.
Después plata
y me asomé contigo al espejo
para aplaudirte los rasgos
que nadie más te admiraba.
Finalmente fuiste al plomo,
«quien me elija, tendrá que arriesgarlo todo».
pero en el último momento
fuiste débil
al dejarte achantar
por gusto a beber de todas
y, a la vez, de ninguna dama.

Así, nuestra historia
se vuelve tragicomedia
tú te quedas con los metales
y yo, con el espejo y la calavera.

 

A ‘Mercader de Venecia’

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