¡¡¡BEEEEEEEEEEEEEE!!!

Y yo soy tu corderita…

con campanilla o sin ella

lucera o… más apagada

te obedezco como oveja.

 

La pena es no ser abeja

para pincharte en los h—–

sólo culpa de dos letras…

son las que truncan mis planes.

 

TÚ… mandas y yo «lo acato»

no me queda otro remedio

hoy me quedé «estupefacta»

de lo pronto que obedezco…

 

Me tienes más que en el «papo»

me tienes dentro de un puño

que con apretarlo un poco…

¡me pones haciendo el pino!.

 

Y, todo lo que tú «ordenes»

y… ¡ NO FALTARIA MÁS!

hasta capaz de ponerme…

¡la cabeza «vuelta» atrás!…

 

Sin saber si vengo o voy…

si el culo al este o al oeste

si voy al norte o al sur…

siendo mi brújula…¡TÚ!.

 

Ya puedes estar contento

que ni en el cuento de Heidi

a Pedro le hacían más caso

que a tí, tu «oveja» silvestre.

 

¡AY! «cabrito» aprovechado

sabiéndo que es el más guapo

de todo aquel gran rebaño…

me lleva y me trae, ¡el macho!.

 

Y, a la menor distracción

del pastor a nuestro cargo

guiña un ojo «chispeante»

mueve el lomo «picantón».

 

Y en el «huerto»… ¡acabo yo!.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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