Las farolas

 

Los atardeceres del pueblo,

se van perdiendo en la soledad,

 van oscureciendo y las farolas,

se encienden llorando su ausencia.

Por esas calles por las cuales paseaba,

llenando de luz callejones oscuros,

En las noches de lluvia,

las cuales salía a pasear.

Para ocultar sus lágrimas,

entre las gotas de lluvia

que le caían por las mejillas.

pensando en su príncipe azul.

Que se fue con otra princesa,

y convirtiéndole a ella en su cenicienta

a la que le daba el dulce manjar,

de diosas de falsa honestidad.

    Las calles lloran su ausencia,

tantas noches las iluminaba,

 con su belleza

 y tantos días les hablaba llorando sus penas.

Un día rendida de tanto luchar,

Arrodillada cayo en medio de una calle oscura,

justo delante de una farola

que se apagaba lentamente igual que su vida.

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