Fuego se acuesta conmigo.

Apago el cigarro en el cenicero y vuelvo a la cama, allí estaba ella tumbada, esperándome.
me miraba tan fijamente que me asustaba parecía una fiera esperando a su presa, pero esta vez no seria yo el devorado; me acuesto a su lado y ella empieza a acariciarme suavemente. Se lo que quiere y el porque de su olor a rosas es mas que evidente, una sola palabra suya bastaba para que reverberara en mi toda su voz, no quería parecer débil.

Así que la tome con fuerza y la bese de la mejor manera que podía hacerlo; probé sus labios una vez y otra, mordiendo con fuerza entrelazando su lengua con la mía, el calor se hacia dueño de mi y podía asentir su vibraciones en mi piel.

Despacio recorrí su cuerpo con mis manos haciéndola temblar a cada roce; girábamos sin parar violentamente como si estuviésemos en llamas tanta excitación me hacia perder el control de mi ser subir a otro plano existencial agarrado a su cintura.

Fundirnos en uno y dar rienda suelta a nuestro frenesí erótico… su gemidos, mi corazón a punto de estallar… todo se volvió confuso, ferviente,  violento… el compás de nuestras respiraciones se hacia frenético, ella me agarraba con fuerza me clavaba sus uñas en la espalda, yo seguía el movimiento de su cuerpo con precision milimétrica.

Acompasados bajo la luz de la luna y las exaltaciones profundas de excitación. el ritmo se descontrolaba no paraba de temblar su cuerpo se retorcía de placer y podía ver su ojos enormes, brillantes casi hipnotizarme y doblegarme bajo su yugo.

Yo con todas mis fuerzas seguí su mortal movimiento y su sinuosos labios dejaban en mi el poco carmín que aun tenia en llamas los dos bien agarrados nos elevamos al cielo del extasis para caer en picado en aquella cama empapada de sudor…

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