Dead Memories Capitulo I

 

 

“La vida nos ofrece muchas veces sus guiños, guiños que nos hacen toparnos con situaciones impensables y muchas veces, realmente macabras para olvidarlos… estos son capaces de arrancarte la vida y dejarte a merced de terceras personas que piensan y deciden por ti sin preguntarte nada al respecto…Han pasado unos años y aún a día de hoy estoy intentando dejar atrás ese guiño que me fue brindado.”

Antes de que todo esto sucediera tenía por costumbre salir cada viernes, al atardecer, a dar una vuelta con mi coche. No tenía un destino fijado, simplemente conducía y disfrutaba del paisaje mientras la noche devoraba la poca luminosidad del día, era fascinante contemplar este acontecimiento natural, me ayudaba a relajarme y a pensar en mis proyectos futuros. Solía acompañarlo con el tema “Dead Memories” , este lograba darle la especial e única banda sonora a ese proceso diario que por unas u otras razones no le prestamos la especial atención que lo haría fascinante. Cada viernes hacía caso omiso a mis obligaciones cotidianas y me sumergía rodeado de estos detalles en un estado fantástico y exclusivo que me proporcionaba todas las sensaciones que deseaba para finalizar la semana y afrontar la próxima con la cabeza en su sitio.

Esta rutina se vio truncada uno de esos viernes que adivinaba para mí ser uno más, pero ese guiño se presentó en forma de un acontecimiento posible dentro de la inusual de las situaciones.

Salía de casa y me acercaba ensimismado en mis pensamientos hacia el coche, que estaba aparcado en la acera a pocos metros de mi entrada, recuerdo que a lo lejos escuchaba las sirenas de un vehículo policial, algo que no le di importancia ya que a pesar de vivir en la periferia de la ciudad, era lógico escuchar alguna que otra vez ese sonido característico de la justicia persiguiendo a algún adolescente subido de estrógenos al volante de un flamante deportivo de segunda línea que “papi” le habría regalado por su estatus estudiantil.

Abrí la puerta y entré, me di cuenta de que esas “sirenas” sonaban más cercanas y me apresuré a poner en marcha el motor, no sé, en ese momento me recorrió un deseo morboso de que tal vez, esa persecución pasara justo por delante de mí pudiendo estar preparado para seguirla y alimentar mis deseos de aventura. Con el motor en marcha me dispuse a cerrar la puerta y así arrancar casi a la par de que me sobrepasaran. Esta acción jamás la vi realizada, una fuerte envestida se llevó mi puerta evaporándola en un abrir y cerrar de ojos, casi al instante pasó el coche policial estrujando todo el caballaje que escondía bajo el capó. En un acto inconsciente decidí seguirlos confiando en que la autoridad diera caza a ese prófugo suicida para así estar de testigo y reclamar la indemnización por los daños, ahora ya no era por curiosidad o aventura, ahora era por denuncia.
Mientras los seguía comencé a repasar los acontecimientos vividos en esos escasos segundos. Pude apreciar el coche, era un Dodge Charger del 69 , negro, esto me hizo soltar una leve sonrisa, ya que ese coche era el deseado por mi desde niño, siempre tuve fijación por él, y ahora, una broma del destino hizo que precisamente ese modelo tuviera el “peculiar” incidente conmigo… En ese momento recordé una cara, la cara de una mujer que golpeaba con todas sus fuerzas la luna trasera del Charger, esta, se fue desvaneciendo con el vehículo. ¿Quién sería esa mujer?, ¿Se trataría de un secuestro?
Esas fueron las primeras preguntas que me vinieron a la cabeza.
Después de unos minutos de velocidad excesiva, logro visionar a ambos, fue entonces cuando el vehículo prófugo hizo un giro inesperado y casi imposible saliéndose de la carretera principal entrando en una pista polvorosa y sin asfaltar que al único lugar al que conducía, era a lo que antaño fuera una prospera fábrica de maniquíes…

La persecución había evolucionado a un grado de profesionalidad al volante que yo no poseía, tal vez esto fue lo que logro que los perdiera de vista, durante unos minutos conduje a ciegas, ya que el polvo que dejaban tras de sí me negaba por completo la visibilidad del camino, pero pronto pude observar el típico reflejo de las luces del coche patrulla, que destacaban entre la nueve de polvo, eso hizo que redujera la velocidad y me detuviera a escasos metros de esas luminarias esperando a que el polvo desapareciera por completo y así poder tener una visión clara de lo que estaba ocurriendo, no quería que los agentes me confundieran con el “supuesto criminal”.
Cuanto más nítida era mi visión más escalofriante me parecía…

Fin del capítulo I

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