Derivación de una fórmula ácida

Eligieron estudiar el rastro que dejó su viaje

Creando una fórmula que explicara su desaparición

mandando un mensaje escueto al mandala estelar de su destino incierto

No supieron nada de su impronta en el cielo

Como sabuesos terrestres olfatearon su rastro…

 

El quería llegar al límite del universo

El quería llegar a Dios.

Y para eso el transportador no alcanzaba

La luz se cansaba de viajar antes de poder acercarse

El sonido no podía ni rasguñar la distancia

En sus sueños ideó un nuevo método de viajante,

una forma química y cuántica de navegar hacia su destino «origen»

Años de silencio investigador y meditante

Para armar su máquina humeante y loca

Años para probar en posibles sitios lejanos

Que no sabían de su propia existencia real

Viajes locos a lugares siniestros de su propio inconsciente

Experimentos nuevos y fallidos que obligaron a ajustes

Un hombre joven que se perdió en su propia vejez

persiguiendo una utopía grandiosa e incierta

rebuscando en todo el Universo su blanco nada concreto

Repitiendo caminos sin salida, con paredes rojas

como la sangre que desperdició en su sueño…

 

Los sabuesos devenidos historiadores blancos

tuvieron que desandar el camino del viajante

en un trayecto ácido y doloroso, sin esperanza

«El lo logró» «¿Y cómo lo sabes?» «¿Para qué lo buscamos?»

«Era un loco sin remedio» «¿Era o es?»

No parecía haber camino hasta que reaparecía una huella

sigilosa y casi microscópica desviación del espacio-tiempo

Completa y paranoica búsqueda de un fantasma que alguna vez no lo fue

Repitieron los experimentos hasta el hartazgo

Ellos mismos viajaron más de una vez

a algunos de sus destinos imposibles

volviendo con relatos incoherentes e imposibles

Hasta que recuperaban la cordura «a medias»

Para volver a intentarlo a lo largo de las eras36

Se equivocaron muchas veces,

acertaron otras

Murieron algunos en la travesía

Pero nunca renunciaron a su búsqueda delirante

de un héroe loco y andante

que, al igual que Don Quijote,

a pesar de las burlas y los enojos de sus colegas devenidos Sancho Panzas

persiguió un sueño de viajero aguileño…

 

-¿Qué hago acá? ¿Acá, hay algún acá?

¿Hay algún «dónde»?

¿Esto es lo que tanto perseguí?

¿Y uds. quienes son?

¿Yo quien soy?

¿Soy? ¿Somos?

Negra la luz, blanca la oscuridad, ninguna identidad

Ningún viaje, ningún sueño, nada de conciencia

Puro ensueño del vacío

Nadie, nada…

arquero zen

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