El reloj

…tac …tac …tac.

 

Abro los ojos, algo me inquieta.

¿Por qué retumba tan dentro de mí ese último golpe de manecilla acusadora?

Otra vez esa sensación. Tengo que comprobarlo.

Camino en la oscuridad con el corazón en un puño, esquivando sombras geométricas hasta llegar a tu ventana. Te observo, difícil visión.

 

…tac …tac …tac.

 

De nuevo el reloj acelera mis latidos, así que miro y remiro buscando la señal, esa pequeña señal tierna y débil que me indique que sigues ahí.

 

…tac …tac …tac.

 

No quiero oír más este final, me niego. No quiero escuchar.

 

Entonces la percibo, ahí está. Alza la sábana con lentitud en un suave movimiento y la vuelve a su estado inicial.

 

Respiras.

Irene Sanchez
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