El jardín de Lorea

Cada tarde, la pequeña Lorea salía al jardín y abrazaba a su madre con sus alas angelicales. Allí inventaba pájaros invisibles que transportaban las hojas en otoño, mientras su madre le explicaba cómo en el azabache de su pelo dormía el Rey Tulipán. Sus ojos verdes le daban la vida al jardín. Eso le reveló su madre el día que se fue a abrazar a otros ángeles.

Cuando la noche se acercaba, Lorea besaba a su madre y entraba en casa. Solo entonces, los pétalos que creaban cada día aquella forma humana caían al suelo.

Rapso
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