Violetas

Pero esta vez, ella lloró. La primera vez en estos últimos tres años. Una lágrima resbaló por la mejilla hasta inundar la primera letra del tercer verso. Nunca hasta ahora aquella carta que recibía puntualmente cada jueves impar de los meses pares había llenado de tanto desconsuelo sus ojos.

Se secó las lágrimas, guardó la carta en su baúl de los recuerdos y salió rumbo a la farmacia antes de que llegase su marido. Debía comprar el antihistamínico. Mañana es nueve de noviembre y Cecilia es alérgica a las violetas.

Didac Marin
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