El reloj

 

 

 

     Cuando el reloj le devolvió la hora equivocada y Marta perdió su tren, se resintió tanto con él  que arrojándolo al piso furiosamente lo hizo añicos, calificándolo de inútil.

    Sara, lo encontró destrozado y se compadeció, recogió los pedazos, lo llevó a su casa y poco a poco lo fue reconstruyendo, armando algunas partes complicadas de su extraño mecanismo, él no se resistía. Un día, finalmente, dio por terminado su arreglo, lo que no pudo repararle nunca fue su marcha, inevitablemente retrasaba la hora, con  paciencia, volvía a acomodarlo pero volvía a retrasar los minutos. Finalmente, lo olvidó  en un cajón de su mesita de noche calificándolo de vencido.

     Alicia ni sabía que lo tenía, cuando compró la pequeña mesa de segunda mano, en una subasta, estaba dentro de un cajón, lo arrumbó junto con otras cosas viejas  calificándolo de obsoleto.

    Ahora, yo lo tengo y ha andado tanto hacia atrás que he nacido de nuevo varias vidas, no me atrevo a calificarlo, temo que se dé cuenta de su valor y se marche con otra a  vivir en otros tiempos.

Camila

Escritora de innumerables cuentos, sin títulos academicos que avalen la imaginación.

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