¡PUF, LO QUE CUESTA…!

Qué difícil se hace todo

de no ser por la ilusión

por la esperanza y amor

que en tí siempre tengo puesto.

 

Esto es peor que un cuento

más que el de Caperucita

que el lobo cogió el atajo

y ella el camino más largo.

 

Y encima íba cargada

con su cesta con comida

que no llevaba mochila

y coger mejor las flores.

 

Su cesto apoya en el suelo

y corta unas cuantas flores

y cuando tiene un gran ramo

lleva peso en las dos manos.

 

Yo llevaría un carrito

con cuatro ruedas y freno

lo pararía en la orilla

para escoger las mejores.

 

Lo metería en el carro

y no iría tan cargada

sería más llevadero

y no dolería mi espalda.

 

Pero al llegar a la casa

no me comería un rosco

el lobo sí que lo haría

y chuparía mis huesos.

 

Más ese no es nuestro cuento

el nuestro, ni final tiene

ni saboreas mi carne

y ni aprovechas mis huesos.

 

Sólo un caldito si acaso

un aperitivo excaso…

tan poco, sólo un sorbito

como un piquito en mis labios.

 

Más un cordero que un lobo

al que cogería en brazos

mimaría y cuidaría

te haría ricas comidas.

 

¡Puf!, lo que cuesta mi cielo

recorrer ese camino

con carrito o sin carrito

es como subir a un monte.

 

En el que llego agotada

y ni que al «yeti» encontraba

sólo las nubes y el viento

que no silban tus palabras.

 

Y allí me quiero quedar

bajar al mundo no quiero

al menos el cielo veo

y con eso me contento.

 

Allí imagino que llegas

en una estrella montado

y que me agarras la mano

para llevarme en la grupa.

 

Y de allí salir volando

hacia la osa polar

quedarnos en ese cuento

y que no tenga final.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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