Bruno

Bruno caminaba deprisa por las calles de Worthing, era evidente que no conocía la ciudad, pues no usaba los múltiples callejones-atajo que hay entre las diversas urbanizaciones. Aunque algo estaba claro; escapaba.

Sus ojos estaban inquietos, sugestionados por la influencia paranoica de que podían estar persiguiendolo. Probablemente se estaría preguntando ¿Porqué se le ocurriría robar una casa de apuestas de la mafia inglesa?… O quizás ¿Porqué no se había informado de quién regentaba aquel local de apuestas con poca seguridad, antes de entrar con una pipa y la cara cubierta?. 

Lo que era seguro, era que se mortificaba por algo, pues cada dos o tres esquinas y cuando nadie le miraba, lanzaba una patada o un puñetazo a algún objeto de la vía pública mientras mascullaba en castellano “Seré pardillo”… ó “Si por algo no tendrían seguridad, ¡¡cachobobo!! ¡casi te matan!”

 Hacía tiempo había soltado la pistola y había tirado dentro de un contenedor de basura la máscara, los guantes y el chubasquero holgado que hacía dificil identificar su formación física enclenque pero que había evitado que se mojase hasta ese momento. También había cambiado el dinero de bolsa y sin saber que hacer cuando comenzaba a llover de nuevo, se metió en una taberna. Actuaba por instintos… No había preparado el robo, y no tenía preparada la huida, pero la sangre fría le hizo mentalizarse de que debía esperar antes de ir a la estación de trenes.

Seguramente identificarían su acento- pensó-así que cuando se le acercó la camarera en vez de pedir algo se limitó a levantar un botellín vacío de la barra mientras se llevaba la otra mano a la boca para toser. Abrió la maleta para sacar un billete del lote robado. Algo le hizo recapacitar y tiró unas libras de las suyas propias sobre la barra. Se bebió el botellín de dos largos tragos y apretó el asa de la bolsa fuertemente mientras subía intentando mostrar tranquilidad y aplomo.

Cruzó la lluviosa calle y entró en la estación. Se hurgó en los bolsillos hasta encontrar el billete que había usado por la mañana para llegar. Oyó un pitido y corrió a la vía debía de estar viniendo el tren. El pitido no cesaba pero no había ningun tren en la vía, y la gente no parecía estar molesta por el sonido. Escuchó con atención. ¿De dónde venía el dichoso sonido? ¿Sólo lo escuchaba él?

Molesto se frotó los ojos y se revolvió dandose cuenta que estaba tumbado en su cama de Oviedo. ¿Qué había pasado? ¿Porqué estaba empapado? Jadeaba sin saber porqué. Apagó la alarma y descubrió que tenía algo en las manos. Una mochila llena de billetes extranjeros y un ticket de algún tipo de transporte público. Se levantó y colocó en la estanteria ambas cosas, sin saber que hacer con ellas, ni saber quien las dejaba allí en sus manos mientras dormía, ni porque se levantaba tan cansado siempre. Estaba allí pasmado mirando los objetos pero no le decían nada.

 Algunos no sabía ni lo que eran, había una polvorienta estatuilla egipcia, un diamante rosado, un libro antiguo en árabe y otras muchas cosas.”¿ De que pais eran las pounds ?” -se preguntó-Miró el billete de tren… “Gatwick-Worthing-Gatwick” .  Estiró los brazos y salió de su cuarto. No podía perder tiempo, se tenía que ir a clase…

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2 Comentarios

  1. por Lascivo publicado el 03/11/2008  21:43 Responder

    Me gusta eso de "la lluviosa calle". Muy buena metáfora, o más bien metonimia, ¿no? Claro, no es la calle la que llueve, pero llueve en ella, por tanto... En fin, que mola, ji, ji.

  2. por comolesjode publicado el 03/11/2008  22:30 Responder

    Jeje, joder con el bruno, si fuera él iría a que me lo miraran o me fundiría toda la pasta. Habrá continuación?

    Hombre como ladrón es un poco idiota (menos el detalle de lo del bar, esa sutileza me ha gustao) pero el rollo ese de tener un yo-noctámbulo que haga todo lo que tu yo-diurno-fracasado no "puede" hacer porque es un chico responsable que va a clase y blablablá tiene encanto.

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