Del lecho al nicho

Del lecho al nicho

Mal dormía yo en mi cama,
La noche de frío invierno
Manto de nubes por sábana
A razón que a las más bellas
Tú y las ardientes estrellas,
Cubría, y entre todas ellas,
Las más tristes pesadillas.

Recuerdo aquella oscuridad
Aquellos vientos aullantes
Que amargaban la soledad
De aquel ser que por un día
Tenerte en su propio pensar
En el martirio de noche,
Noche eterna, tuvo que vagar

Ni el más fulguroso sol matinal
Ni el soplo apaciguado al clarear
Mitigarían al pobre animal
Animal reo de un amor mortal
Que sólo una vez pensó
Junto a su cama tu voz.
Acompañándole hasta el final

Tiembla todo su cuerpo
Más muerto ya que vivo
Alarga su mano al alto
Y proclama su delirio

-Tú, Raquel, tan perfecta
Con la que los blancos Ángeles
Cometieron el error
De expulsarte, por su temor,
De sus altivos castillos
Del regazo del mismo Dios,
Incluso en la baja Tierra
Fuiste tu propia deidad
En belleza y claridad
Por la que el mismo infierno
Sus abrasadores hornos
Hubo, ávido, de apagar,
Su infecunda sequedad
Hubo, ávido, de mudar
Ya que a ti no podían aceptar

Oh, qué necio fui
Ahora los demonios
Me reclaman a mí
Por soñar, nada más
Ay de mis tormentos!

Miro de nuevo al cielo
Más allá de la ribera nocturna
Más allá si no esconden
Las azarosas nubes
Ni me cieguen o desamparen
Las envidiosas, de tus ojos
Estrellas del más allá;
Para poder al menos
Tu imagen contemplar
Y morir en tranquilidad
Sabiendo que tan buen arcángel
Hay allí; debo ir en paz.
Me quedará el recuerdo
De todo lo bello cuanto hay
Inspirado en ti, en nadie más

Alejandro Manso

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