La tabernera

Allá en los albores de este siglo, conocí a una tabernera fea y fondona. Un tímido bigote le asomaba sobre el labio y unas frondosas cejas coronaban su testuz de calabaza. Los parroquianos la llamaban burlonamente «la Macha», riéndose a su costa.
Yo sentí lástima por ella, o quizá odio hacia aquellos borrachines de mala lengua. En esto estaba, cuando resolví acostarme con ella esa misma noche. De lo que ocurrió en su dormitorio nada os diré. Pero sí las consecuencias de aquella relación:

Debido a mi incipiente fama, «la Macha» comenzó a protagonizar las portadas de las revistas de corazón, a exhibirse en los programa de tertulia de sobremesa y a ganar más y más dinero debido a las entrevistas y a la prostitución de imagen.

Yo desaparecí de su vida, pero los parroquianos que tanto la habían menospreciado, comenzaron a cortejarla con rosas, poemas, cartas de amor y mil y un requiebros. Ninguno consiguió nada.

 

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Iraultza Askerria

Novelista, escritor, poeta, articulista, lector voraz y en definitiva un amante más de la literatura a la que se dedica en cuerpo y alma.

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2 Comentarios

  1. por Pequadt publicado el 19/04/2012  23:30 Responder

    Excelente relato, me ha hecho mucha gracia.

    La moraleja seria ¿no te acuestes con bigotudas? jajajaja.

    • por Paloma publicado el 22/04/2012  12:32 Responder

      Moraleja:

      Haz el bien sin mirar a quien!

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