A pecho descubierto

Una vez más se hizo presente la teoría de la relatividad aunada con la famosa teoría de la mente.

-Tú creerás que yo creo que me voy a sorprender. Pero lo que no sabes es que, tal vez, a mí esto no me sorprenda ya que el elemento “sorprendente” del estímulo desencadenante puede variar según la experiencia previa que yo tenga de aquello que se considera y que está estipulado socialmente como “sorpresa”.

Ya que la sorpresa no es un símbolo arbitrario y que depende de la experiencia previa del individuo, a pesar de los factores concretos que son denominador común del término discutido,  podemos demostrar que la categorización de un estímulo en la condición de “sorpresa”, es relativo (y en la mayoría de los casos vinculado al recorrido vital del ser “sorprendido”).

Yo podría pensar que todo esto es un error y hacerte creer que en realidad es un acierto. Podría fingir, disimular, actuar, mentir, dilucidar, persuadir…

También podría intentar convencerte de lo contrario.

Lo que no debemos olvidar es que lo que uno piense puede ser completamente distinto a lo que el otro pueda creer que está pensando (esta categoría también es aplicable a los sentimientos).  Asimismo puede darse el caso de que otro conozca lo suficiente a uno para intuir lo que uno piensa e incluso, acierte. El conflicto aparece cuando se quiere verificar que otro está en lo cierto en cuanto a los pensamientos/ sentimientos de uno se refiere.

Se intenta que la verdad sea una tautología pero nunca podrá serlo mientras exista la mentira y la posibilidad de elegirla como opción.-.

Y tú, ¿dejarías de mentir?

– ¿Aquí, ahora, con los tiempos que corren? ¡Sería un completo suicidio!

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