El regalo.

El siguiente relato es un clásico; muchos de vosotros lo habréis leído en otras versiones. Si lo incluyo aquí es porque puedo asegurar la «paternidad» de, al menos, un 60% del relato:

Está Rodríguez Zapatero solo, de paseo por Argüelles, y se da cuenta de que dejó olvidada la cartera en La Moncloa. Como pretende hacerle un regalo a Sonsoles, ve una sucursal del banco en el que tiene su cuenta y entra en ella, dirigiéndose a uno de los mostradores.

– Mire, soy el presidente Zapatero, tengo cuenta en este banco, pero dejé olvidada mi documentación en La Moncloa, y desearía disponer de 500 euros para un gasto urgente que tengo que hacer.

– Sí, la verdad es que se parece al presidente pero, como comprenderá, sin identificación, no puedo atender su petición.

– Pues, la verdad es que es una buena faena ya que no puedo ordenar que me traigan la cartera desde La Moncloa porque no llegaría a tiempo para hacer la compra que debo realizar.

El empleado llama al Director de la sucursal al que se le ocurre una solución:

– Veamos. Se le puede solucionar el problema, si conseguimos determinar sin ninguna duda que usted es el presidente Zapatero. Ayer, estuvo por aquí Plácido Domingo y también, como usted, estaba indocumentado. Le pedimos que hiciese algo para demostrar que era Plácido Domingo y nos deleitó con un aria de la Traviata, que nos demostró sin duda alguna que estábamos en presencia del gran tenor. ¿No podría hacernos usted, asimismo alguna demostración? ¿Improvisar un discurso, inventar alguna de sus célebres frases?

– No sé. Así, de repente, no se me ocurre nada, sólo tonterías.

– Señor Presidente, ¿cómo quiere los quinientos euros? ¿En billetes grandes o pequeños?

Prior

Master universitario en PRL. Aficiones: Internet, política, práctica de deportes, micología.

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