Callejón sin entrada

Al asomarse se veía ese callejón a lo lejos como un edén particular. Al pasar, las personas cambiaban el semblante y diluían sus preocupaciones por un instante, cuando giraban en la esquina volvían a sumergirse en sus problemas y la cara se desfiguraba en rutinaria.

 

Nunca encontró la entrada, había callejeado por la zona pero nunca lo halló. Cuando regresaba del trabajo le gustaba observar el callejón y la pasajera alegría de la gente.

 

Qué pena que sólo hubiera ese callejón en toda la ciudad, qué pena que el callejón más deseado de toda la ciudad  no tuviera entrada.

Lorenzo
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2 Comentarios

  1. newowen dice:

    Qué interesante. Y muy bien escogida la foto. Me ha traído a la memoria un pasaje de Neverhwere, una novela del genial Neil Gaiman. ¡Un Saludo!

  2. Eva Garcia Romo dice:

    Sorprendente, original, fresco. ¡Felicidades!

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