Higuera.

Habían de caer del todo, sin duda alguna, pues aquella higuera era muy vieja, vetusta, casi no se tenía en pie. Tendría unos ochenta años. De los meneos que le estaba dando, no le quedaría ningún higo en sus ramas.

Sus frutos, los más exquisitos, se los había prometido a mi amada y no pararía hasta conseguírselos todos. ¡Bueno era yo para cumplir sus mandatos!

Ma Dolores Alvarez

Escribo para revistas literarias como: Reliteraria Deglozel, Cuentos y mas,el Ateneo del Norte y Acantilados de Papel.
Participo todas las semanas en el Concurso de Microrrelatos de la Cadena Ser.

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