Asesino por asesino

La brutal paliza había dejado a ese maldito cerdo destrozado, apenas podía mover un solo músculo de su cuerpo, aun así le quedaban todavía fuerzas para esbozar su macabra sonrisa. Saqué un cigarrillo del bolsillo interior de mi gabardina y lo encendí con suma tranquilidad. La adrenalina ya no recorría mis venas y la primera calada del cigarro impregnó mis sentidos de paz. Saqué mi revólver del bolsillo y pensé, que quizás aquel era un buen día para matar. Apreté el gatillo y la bala salió despedida dejando un rastro de chispas en la boca del cañón y la huella de la venganza en la frente de aquel tipo. La sangre corrió por su cara y desapareció en el mentón para manchar su bonito traje. La poca luz que se colaba en la sala se filtró a través del rastro de humo de mi revólver y coloreó de un gris azulado el ambiente. Saqué su foto y la miré fijamente, la sonreí, la besé y la deje caer sobre el cadáver. Al fin.

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