Bombones asesinos

 

BOMBONES ASESINOS

 

Sr. Comisario:

Hace más de  20 años planifiqué un doble crimen que, gracias a la reconocida necedad e imprudencia de las propias víctimas,  apenas requirió mi intervención.

Pero antes de confesar cómo lo hice, permítame relatar  los hechos que me convirtieron en asesina.

Ella decía ser  mi amiga.

Él aparentaba indiferencia.

Yo confié en la amistad de ella y en el  amor de él: ambos me traicionaron.

Juanchi sospechaba. Juanchi es un amigo de la infancia. Sólo se comunica conmigo,  pero  exige que mantenga el secreto para evitar que me tomen por bromista o, peor aún,  por loca

– Ojo con la vampiresa – me previno – ¿No ves que cuando están juntos  siempre encuentran la manera de mortificarte?

– Son bromas inocentes – contesté. Molesto, desapareció.

Su mutis me puso en guardia. Empecé a sospechar, los estudié  y mis observaciones confirmaron una complicidad  tan íntima que no me gustó.

-¡Te lo dije! – expresó junto a mí una voz conocida. Juanchi estaba conmigo y me  reconfortó su amistad.

Esa noche, ella nos visitó enfundada en un vestido que apenas lograba contener su anatomía.  Juanchi  apareció de pronto y señaló la alacena: el vidrio los reflejaba prodigándose arrumacos a mis espaldas.

Asesorada por él,  había comprado unos bombones, “preparándolos” como me sugirió.

– Creo que esos bombones son perfectos para acompañar el café  – dijo con un guiño cómplice.

Disimulé mis sentimientos, serví los bombones con una sonrisa y  los  engulleron confiados.

Él  propuso llevarla en moto hasta su casa. Segura de que los rechazarían para contrariarme, les alcancé los cascos.

-¡Me aplasta el peinado! –dijo una.

–¡Cómo te gusta jorobarme! – bufó el otro. Ambos rieron burlones. Yo también.

Cuando  llegué al lugar del accidente,  él yacía junto a la moto desintegrada;  la perra, un poco más allá.  Parte de su larga cabellera ondeaba en el poste pegoteado de sangre y restos de masa encefálica; la ropa en desorden dejaba ver sus largas piernas  contorsionadas en ángulos  inverosímiles, con  los huesos astillados asomándose, blancos y filosos, a través de un amasijo de piel y músculos  destrozados; la bóveda craneana se alzaba  como  la tapa  de una caja tapizada de raso rojo; el ojo derecho estaba abierto, el  izquierdo colgaba fuera de su órbita.

Él tampoco era lindo de ver: algo se clavó en su abdomen y las tripas desparramadas despedían olor de sangre y heces. Había jurado revolcarme en su sangre pero me dio asco y fingí  las convulsiones sobre la sangre de ella.

Me  enorgullece saber que sin esta confesión jamás descubrirían que yo, la incauta de la historia, puse en los bombones la droga que  desquició sus sentidos y,  además, tuve la astucia de inducir la conducta imprudente que aseguró el resultado final. Cuando llegue a sus manos ya estaré muerta, llevándome a Juanchi conmigo, pero cuando se reabra la investigación  y se compruebe la veracidad de lo que afirmo,  la literatura forense se encargará de que nuestros nombres no sean olvidados.

Atte.

Yiya  Dalponto   y Juanchi

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4 Comentarios

  1. por Camila publicado el 16/03/2014  20:47 Responder

    Me gustó, logró atrapar mi atención hasta el final.
    No son muchos los comentarios por aquí, parece que nadie se quiere comprometer de ninguna forma o será miedo a desbalancear autoestimas...
    Te invito a leer a los demás y a dejar algún comentario, animate Vilma. Bienvenida al concurso.

  2. por Juan Rico publicado el 08/04/2014  13:13 Responder

    Muy interesante: sigue así!

  3. por Camila publicado el 17/04/2014  04:32 Responder

    Mi voto fue para ti, Vilma. Creo que los microrelatos se llevarían bien contigo.
    Saludos.

  4. por Vilma Di Doménico de Rosato publicado el 17/04/2014  22:31 Responder

    MUCHAS GRACIAS, CAMILA POR TU VOTO Y TUS GENEROSOS CONCEPTOS.
    SÍ, ME GUSTARON TUS MICRORRELATOS Y ADMIRO TU CAPACIDAD DE SÍNTESIS .
    DESEO PARA VOS Y TU OBRA EL ÉXITO CONSAGRATORIOS TAN DIFÍCIL DE LOGRAR EN TODAS PARTES.
    QUE TU VIDA ESTÉ LLENA DE LUZ.
    VILMA.

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