El Taxidermista

 

Desde la pequeña ventana de su sótano, surgen inciertos aromas, las pociones dibujan una  extraña nube en el aire y la luz es difusa, afino la mirada y lo veo, absorto, tratando de engañar a la muerte entre plumas y pelajes mientras ella, constante y perversa, lo observa irónica desde un oscuro escondrijo.

 Sonríe, habla en susurros con los inanimados seres que intenta reclamarle.

Una tarde, todo pasa deprisa, el aullido, los frenos chirriantes y el perro que muere en sus brazos. Inmediatamente, confiando en sus destrezas, lo momifica y lo lleva a caminar por el barrio ante la mirada incrédula de los vecinos, quienes aseguran haber escuchado ladridos.

Camila

Escritora de innumerables cuentos, sin títulos academicos que avalen la imaginación.

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2 Comentarios

  1. por Nelo publicado el 11/04/2014  09:42 Responder

    Todo va bien, el relato causa cierta aprensión bien conseguida. Pero el final... ahí me faltó una frase más larga .
    Por el tema, va mi voto

    • por Camila publicado el 12/04/2014  05:47 Responder

      Que te parece este final : ... lo momifica y lo lleva a caminar por el barrio ante la mirada incrédula de los vecinos, aquella tarde, todos escucharon ladridos, hasta la misma muerte.
      Vos sabés que esto es verdad, yo veía al taxidermista en su sótano, una minúscula ventana daba para la calle, mis primos y yo nos acostábamos en el suelo para verlo durante horas, le temíamos y lo admirábamos a la vez.

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