… ¡UN HIJO COMO TU!.

Si de algo en esta vida pena me queda

es la de haber tenido una oportunidad

una sóla… que ya no tiene vuelta atrás

el tener un hijo igualito que tú y…de tí.

 

Ir en busca de un «tesoro» y encontrarlo

gracias al amor y la ilusión de tus padres

llevarte en mí nueve meses e ir creciendo,

mimado por el cariño y caricias de tu padre.

 

Tu padre te escribirá unos cuentos hermosos

en los que tú, siempre serás el principe bueno

en el que te pondrá rodeado de mágicas hadas

y el que te buscará a la princesa de tus sueños.

 

Una vez llegado al mundo, entre caricias y besos

los de tu padre tu mami y también de tus abuelos

tu «papi» te recitará un verso… hermoso y tierno

el más bello que jamás tú hayas oído por él hecho.

 

Te vestimos de azul claro jubón faldón y patucos,

y para envolver tu cuerpo toquilla de color cielo,

papá te cogerá en brazos, te colocará en mi pecho,

y esperará que amamantes de tu primer alimento.

 

Después de tantísimos años te he visto,

tal como eras de pequeñito me encantó,

puedo asegurarte que así te imaginaba,

tus ojos profundos obscuros y con brillo.

 

Esos ojos siguen contigo, tu mirada igual

a la que ahora posees, tan transparentes

que a través de ellos se ven el bien y mal

la verdad y la mentira, la felicidad y pena.

 

No es que tengas ni ese mal ni las mentiras,

como «pecados», sino como circunstancias,

del mal que te ha encontrado, no buscado,

y no mentiras sino excusas para «salvarte».

 

La felicidad y pena no se pueden camuflar,

unas llevan a otras, las otras a aquellas van.

Las dos unidas al alma para vivir separadas,

según «la suerte» de cada cual y el momento.

 

Pero… el tener a «alguien» como tú has sido,

un niño feliz risueño, un «zascandil» delicioso,

un «saltimbanqui» inquieto, travieso, curioso,

el que todo lo pregunta y todo quiere saberlo.

 

Un pequeñín de sombrero, abrigo de caballero,

con pantalón de rodilla, calcetines de mocito…

y zapatos tan brillantes como si fueran espejos,

un «pollito» de creído y un «jaimito» de sabiondo.

 

Me hubiera gustado tener una «fotocopia» tuya,

un hijo «clavado» a tí, sus sonrisas y ocurrencias,

sus «salidas» y alegrías, sus caricias y sus juegos,

achucharle contra mí a la vez que a tí te achuche.

 

 

 

 

 

 

 

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