S a n g r e

Me despierto y descubro manchas de sangre en mi gabardina. Me levanto espantado y averiguo el vientre y el pecho. Me pongo delante del espejo y veo una cara pálida, boca y barbilla en sangre y arañazos en el cuello. Escudriño los labios, los dientes y la garganta. Estoy incólume. Aquella sangre no es mía y los rasguños del cuello parecen no haber vertido ni una gota roja. Intento, por todos los medios, recordar qué me había pasado, pero en vano. Me pongo nuevas ropas y salgo a la calle. Me siento extremadamente sediento, pero en lugar de ir a buscar agua, me veo recorrer toda la ciudad y sus afueras en busca de un lugar perfecto. A la caída de la noche, la sequedad de mi cuerpo alcanza un estado alarmante, pero en lugar de buscar agua, parto en busca de un hombre o una mujer perfecta. Me pregunto por qué motivo hago todo esto, pero no encuentro respuesta. Sigo noctambulando hasta que pierdo todo conocimiento.

El día siguiente, al despertarme descubro que mis ropas están manchadas de sangre y me yergo sobresaltado. Escudriño todo el cuerpo, me pongo delante del espejo: rostro lívido, boca y mandíbula en sangre y cuello rasguñado. Examino los labios y los dientes. No llevo ninguna puñalada y aquellas uñadas parecen no haber vertido ni una gota de sangre. ¿Qué habrá ocurrido? ¿de quién será esa sangre? Intento descifrar el misterio, pero en balde. Me visto y salgo de casa. Me siento extremadamente sediento, pero en lugar de ir a buscar agua, voy rondando toda la ciudad y sus perímetros en busca de un paraje perfecto. Al anochecer, la extrema sed empieza a debilitarme, pero en lugar de buscar agua, parto en busca de un joven perfecto. Me pregunto por qué razón hago todo esto, pero no encuentro respuesta. Sigo así hasta que dejo de existir.

Me despierto, grito fuertemente, averiguo mi cuerpo, nada. Siempre la misma pesadilla, ¡uf! Me levanto, me pongo delante del espejo, me afeito y me cepillo los dientes.  Pongo una gabardina y salgo a la calle. Me siento muy sediento, pero no tengo ganas de agua. Deambulo por toda la ciudad y sus arboledas intentando encontrar un sitio perfecto. Por la noche, mi deseo de beber llega a su cenit, pero en lugar de buscar agua, empiezo a buscar a una mujer perfecta. ¿Por Dios, por qué objetivo hago todo esto? – vuelvo a preguntarme, una y otra vez, pero ninguna luz. De repente, pierdo toda conciencia.

Me despierto, descubro de nuevo que mis ropas están teñidas de sangre coagulada. Aterrorizado, me levanto y corro al cuarto de baño. Me fijo en el espejo, boca y barbilla ensangrentadas, cuello rallado. Mi espejo interior parece reventarse. Me desnudo totalmente y trato, por todos los medios, de despejar la cabeza y explicar lo que me sucede. Ningún resultado. Sobre la mesa, un libro titulado “Sangre” me llama la atención. Lo recojo, lo abro al azar y empiezo a leer “Me despierto y descubro manchas de sangre coagulada en mi gabardina. Me levanto sobrecogido y me pongo a examinar el vientre, el pecho…”. Lo suelto y salgo de casa corriendo. Entre carcajadas y burlas de la gente, me siento extremadamente sediento…

Fin

Autor: Mustapha Handar

20 de septiembre de 2018

Mustapha Handar

Formador, traductor e investigador sobre literatura e historia de ámbito hispano-marroquí.

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1 Comentario

  1. por Abdel publicado el 22/09/2018  23:46 Responder

    El relato convoca y provoca los miedos más oscuros del alma,con un estilo circular y un referente literario,se pretende asimismo descernir lo mágico que puede ser la literatura y la adhesión al libro,que llegaría a afectar el modo de vivir ,modificar la forma de percebir la realidad y ser un espejo que reflejara la imagen interna del lector..

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