La Escalera Maldita

Cruzar debajo de una escalera da mala suerte

Los Teques, Estado Miranda, eran las 5 am cuando el señor Pancho iba a toda prisa por la panamericana, un día domingo, la carretera despejada, calles solitarias, apenas se percibía uno que otra caída de hojas si se era muy pasible, pero no, Pancho manejaba rápidamente sin prudencia, se sentía el dueño del mundo, su mundo, aquel donde hacía lo que le diese la gana, donde su amargada y cuaima mujer (así la denominaba con sus amigos), no se entrometiese, su nariz le picaba, ya cansada ese día de introducir perico, su garganta le dolía, la música en su reproductor de salsa brava lo inspiró a lo largo del día,  sus dotes de gran interprete, cantó 101 canciones. Cuando justamente iba a finalizar la panamericana, ve en medio de la carretera a dos señores con una escalera, cada uno la llevaba en un extremo. Pensó que era una alucinación, aceleró aun más, a 180 km/h y se llevó a ambas personas. Lo último que recordó, al día siguiente cuando el sol le pegó en la cara, fue que volaron por los aires, y él riéndose escandalosamente prosiguió su camino.

No le dio la menor importancia, tal vez fue un sueño, una ilusión óptica. El lunes comenzaba la semana y un nuevo ciclo laboral, era muy entusiasta con su trabajo, vendedor de seguros, su pulcra presencia y exquisitos modales lo hicieron destacar, además contaba con un gran arma, la paciencia, persistía con un cliente lo que hiciera falta. El señor Ramírez, quedó con él a las 8.00 am, poseía el monto de la inscripción del seguro. Luego de tomarse un café juntos, al salir de la lonchería dos forajidos apuntándoles a ambos con una calibre 38, les dijeron que entregaran sus pertenencias. –El dinero, teléfonos y prendas caballeros o los mato a balazos, dijo el menos alto de los dos asaltantes. Pancho del susto entregó la billetera que poseía y su teléfono celular, el señor Ramírez, el dinero y el teléfono, conservó la billetera.

Ramírez corrió a indicar que fueron atracados y se cayó, una escalera se le interpuso en el camino a pocos metros donde ocurrió el asalto.

Perdió entonces el cierre de la negociación y una impresión le indicaba que la escalera tenía que ver con ello. El viernes de fin de mes las ventas bajaron considerablemente, por lo cual el señor Álvarez gerente general, llamó a Pancho a su oficina. –Has notado que este mes no has vendido ni un solo seguro. –Usted es consciente jefe, que es primera vez que me ocurre. –No importa si es la primera vez, nunca debió suceder, conoces nuestra política. Quien no vende nada en un mes, demuestra incapacidad, la incapacidad es motivo más que suficiente para despedirle. –Solo le pido una semana adicional, estoy convencido recuperaré este mes y haré para el siguiente, dijo Pancho. En la mesa del señor Álvarez, se encontraba una pequeña escalera de plástico, obsequio de la asociación inmuebles del centro.  Pancho sospechaba lo peor, era mucha casualidad que en 5 años de servicio por primera vez, veía algo relacionado a la escalera. El señor Álvarez, le extendió un documento, donde se anexaba su despido.

Derrotado Pancho fue a un centro comercial, a caminar sin dirección, no podía irse a contarle a su esposa lo ocurrido, no le creería. Entró a una pequeña tienda, un aviso indicaba que se necesitaba gerente con experiencia en el área de ventas. Y sí, un joven obeso, pintaba las paredes de blanco, y ahí otra escalera. ¿Por qué ahora una simple escalera le producía pavor?. –Pamplinas Pancho, no nos pondremos supersticiosos, se dijo. Una conferencia que tuvo lugar en Maracay, con el automotivador  Cre Onti, descubrió que para vencer los miedos, hay que enfrentarlos, se acercó, donde el joven que pintaba, le preguntó la hora. –No tengo reloj señor, contestó el joven. Pancho sintió un frío, un líquido pastoso le cayó en el traje de 1.000 dólares. –Hey, imbécil, me derramaste pintura. El joven nervioso al voltear tropezó lo restante del recipiente, arrojándole 3 galones de pintura blanca. Como trató de detener la caída del mismo, se dobló el tobillo, y sus 99 quilos por los aires a dos metros de altura, se desparramaron encima del pobre Pancho. No gritó, no lloró, solo durmió. Lo llevaron de emergencias a la Clínica de Caracas, en estado inconsciente aun respiraba. La camilla la dirigían al piso 4, el ascensor no funcionaba, y sí, iban por las escaleras. Dos paramédicos se encargaban de él, el que se encontraba en la parte inferior, pisó un escalón, resbaladizo y aceitoso, su inestabilidad ocasionó, que la camilla se les desprendiese a ambos de las manos, siguió derecho hacia el gran ventanal, destruyéndose con el impacto de la camilla con un Pancho desmayado. –Salió  volando de allá arriba, dijo un niño al ser entrevistado, fue testigo de tal incidente. La esposa de Pancho, Julia, lloraba, ¿por qué tan mala suerte hacia su familia?. Días pasaron, sin su querido esposo, tocan la puerta, al abrirla una caja grande, no poseía más que una etiqueta que decía, “para usted”. Al destapar la caja, una pequeña escalera, con una grabación, decía: “Su hoy fallecido esposo, fue el culpable de atropellar a las ánimas pintoras, al no detenerse para ver el estado en que se encontraban, se ganó la mala suerte de la escalera maldita, debe destruir este audio una vez escuchado, sino, la maldición recaerá sobre usted”.

¿Quién sería el inoportuno idiota que inventaría semejante broma pesada?. Julia se enteraría quien era y le abofetearía la cara. No se juega con la desgracia de nadie. Se dirigió a la central policial de Miranda. –Señores oficiales vengo a formular una denuncia. –Pase a la oficina señora, siéntese que ya la atendemos. Los policías hablaban, reían con sus chistes, otros comían. Un hombre moreno, andaba ingresando esposado y con una capucha negra, protegía su identidad. Transcurrieron 30 minutos. –Señor oficial, ¿Cuándo atenderá mi denuncia?, tengo más de una hora esperando, manifestó enojada Julia. –Espérese, hay muchas denuncias, usted no es la única, contestó tajantemente el oficial.

Dos horas transcurridas, cansaron a Julia, tomó su cajita con el audio grabado y se fue al supermercado, unas compras la relajarían. La sección de cocina, presentaba un artículo llamativo, plancha de arepas asadas en 5 minutos, se ubicaba en la parte superior, a 3 metros de distancia. –Señor, podría traerme una de esas planchas de arepas. –Por supuesto señora, déjeme que busque la escalera y en un minuto se la bajo, contestó el empleado. Julia nunca le había llamado tanto la atención las escaleras, vinieron a su mente lo de la maldición, por un momento pensó consternada. –Boberías, una escalera no puede estar maldita.

Un hombre barbudo, de aspecto desgarbado se le acerca y le dice: Hay que cuidarse del mal que acecha, el peligro busca a quien le debe, como cobrador insistente, hace pagar el precio mortal de la deuda a cobrar.

 

 

 

 

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