IMPACTO

Apuró la jarra. Tras el vidrio ondulado de la ventana, veía el faro recortado en la noche. ¿O había dos?

– Creo que he bebido demasiado. – Un sonoro eructo pareció darle la razón.

A nadie pareció molestarle.

Aquello era el paraíso, salvo por el intenso olor a excrementos, claro.

Había escapado de su monótona vida en Chicago. Hoy era Barbanegra. “Una vida intensa a cambio de tu alma”. Un cambio justo.  De pronto, gritó. ¡El faro! ¡Veía el faro! ¡Y no había desembarcado! Sobre las rocas, veía la figura y el destello de la guadaña justo antes del impacto.

Victor
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