El monstruo de la barra del Bar

Siempre me persigue y yo lo busco. Cuándo en la noche la luna me rechaza, siempre acabo apoyado en la barra oscura del Bar y me espera siempre en el mismo lugar, sediento de mí. Esperando alguna solución o un simple escape hacia otra dimensión, me encuentro cara a cara con ese monstruo. Esa bestia que no se vé,  pero se siente en cada poro de tu piel, cada mirada de tu alma y cada suspiro del corazón. Está ahí, esperándome como cada noche. Me envalentono, pero es demasiada osadía para una bestia de tal magnitud. En la calle, maullidos de gatos enfrentados por supervivencia. De alguna manera me siento identificado con ellos. Busco la salvación de mi mismo, siempre, en la misma postura en la que espero a ese monstruo. Mi mente, sumergida en el baño de los licores más poderosos, me lleva a otro mundo, que por momentos es maravilloso y eterno. Pero solo es un suspiro, solo eso. No encuentro mi respirar. Mi alma es alquilada en la noche por el diablo y vagabundea por el día. Llega el momento del enfrentamiento con el monstruo de la barra del Bar. Me vacía y me llena de golpe. Una y otra vez.  Yo lo utilizo para ahogar esas penas malditas y él se apodera de mí. Al final, siempre me derrota. Todas las noches me vence. Hasta la última batalla, sin escudos ni armaduras, me armo de valor para volver a enfrentarme a él. Las heridas, solo se cierran cuándo dejas de lamerte tu propia cicatriz, con esa lengua ansiosa de alcohol . Poco a poco le voy venciendo, es solo una cuestión de no volver a encontrarme con él. Lo encierro en el baúl de mi pasado. La llave es lanzada a lo más profundo de mi alma. Ahora soy inmortal, porque sé que ese monstruo no volverá. Yo tampoco lo buscaré. Quedó atrapado en la barra del Bar de mi pasado y yo, soy el “ahora”. Sin previa organización, empiezo a organizar mi vida, con botellas vacías. Ahora, simplemente… vivo!

Raul Amo

Escritor novel y entrenador de fútbol

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