La señora y el caballero

–          Tened a bien mis disculpas, mi señora, más permita que le recuerde que está iniciando una conversación con la mano derecha del rey Felipe IV, no con cualquier caballero del reino.

–          El honorable caballero Enrique Carlos Guzmán de Solana, lo recuerdo.

–          He luchado contra ejércitos enteros, guerreros sangrientos, incluso, las más bestias fieras salvajes y no ha habido ser alguno que haya podido doblegarme. Se me conoce por mi bravía, las más estoicas leyendas llevan mi nombre y, ahora, ¿vos pretendéis someterme?

–          Únicamente intentaba…

–          ¿Intentar? Le aseguro que para cumplir su propósito, con intentar no le será suficiente. No sé si ha alcanzado a comprender la magnitud de mi fortaleza. Acepte mi experimentado consejo y no emprenda un fin que está destinado a perder.

–          ¡Ya está bien, Sr. Guzmán! Deje de dar la tabarra cada vez que le toca tomarse la pastilla.

Chusteriana
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