Loki

Otra vez, el veneno caía sobre él, causándole más dolor que cualquier mortal pudiese soportar.

Todos decían que lo merecía, por ser el dios timador, el dios de las travesuras. Y muy pocos eran los que le apoyaban o los que, alguna vez, hicieron el intento de comprenderlo.

Su existencia siempre había sido solitaria. Nadie, jamás, le había mirado con afecto y, aunque él había ayudado a los dioses tantas veces como los había utilizado como objeto de sus travesuras, dudaba mucho que les hubiese causado tanto dolor como ahora mismo estaba soportando.

Él era Loki y obtendría su venganza.

Rosa Maria Martin Cuadrado
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